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20/8/17

Sobre la fiabilidad de los datos en el Antiguo Egipto



Cuando hablamos del Antiguo Egipto es imposible hacerlo de verdades absolutas o generalidades. En la sociedad actual tendemos a generalizar o asumir como ciertas algunas premisas sin importar la base o la magnitud de las mismas.

Hay muchos datos acerca del Antiguo Egipto tales como la edad media de la población, el estilo de vida de la gente, el culto, etc... que no pueden tomarse como únicas referencias al no existir pruebas irrefutables que corroboren ninguno de estos datos. Pero veámoslo poco a poco:

En cuanto a la edad media de la población, y cualquier otro dato estadístico que podamos encontrar, nos daremos de frente siempre ante la evidencia de que no disponemos de registros censales de ninguna época egipcia, no hay documentación sobre el número de personas o la edad en la que fallecían. Cuando los estudiosos llegan a la conclusión de que la edad media en Egipto era de x años es una cifra que, pudiendo ser o no errónea, no hay forma de corroborar y que además no cuenta con múltiples factores a tener en cuenta.


La única forma de establecer la edad en la que moría alguien es a través de sus restos, de las momias que nos han llegado. En primer lugar, su número es ridículo en comparación con la cantidad de gente que vivió a lo largo de los 3000 años que duró la civilización egipcia por lo que la muestra a estudiar es mínima. En segundo lugar, hay que tener en cuenta que la mayoría de estas momias pertenecen a una clase alta o privilegiada que no tenían porque vivir los mismos años que alguien del pueblo llano.

Sabemos que había un gran indice de mortalidad infantil, pero es imposible establecer de cuantos niños por persona por lo que no se tiene en cuenta que esos niños que nacían muertos o que morían muy jóvenes bajarían la edad media de la población por lo que, para llegar a una edad media de x años, tendría que haber muchas personas que los superasen.



Sí disponemos de documentos oficiales listando reinados de muchos años (hasta 94). Documentos que podemos tomar como ciertos o no, pero dadas las pruebas arqueológicas y el calendario de la época no es aventurado decir que se acercan mucho a la realidad.

Por otra parte, cuando se habla del estilo de vida de la gente y de su culto se tiende a generalizar como si durante 3000 años no se hubiesen producido modificaciones. Además, todos los textos y documentos de los que disponemos y que nos cuentan el culto y mitología del Antiguo Egipto son los pertenecientes a templos y tumbas a los que solo podían acceder sacerdotes, reyes y escribas por lo que no tienen porque ser los mismos o en igual medida que los que creía la gente ordinaria.

En definitiva, por muchas evidencias arqueológicas, documentales y por muchos análisis que queramos efectuar al respecto no hay forma de establecer una pauta general sobre un tema muy amplio cuando hablamos del Antiguo Egipto. Podemos conocer lo que sucedió en un reinado, cómo se construyó o un templo o que métodos de trabajo existían, pero nunca a ciencia exacta cuántos años vivía la población de media, en qué creían todos o cómo veían el mundo.

Por este motivo siempre que estudiemos el Antiguo Egipto o leamos sobre ello debemos ser cautos y no tomar los datos que nos estén ofreciendo al pie de la letra. Está claro que la mayoría de libros y todos los egiptólogos disponen de estudios y evidencia suficiente para realizar sus afirmaciones y estas estarán más cerca de la realidad que ninguna otra, pero eso no quiere decir que sus afirmaciones sean exactamente como las escriben ya que se basan en estudios con material insuficiente, debido a que no hay más pruebas que nos hayan llegado.


¿Quiere decir esto que debemos desconfiar de todo lo que leamos? Ni mucho menos, solo que no podemos afirmar a pies juntillas sobre muchos aspectos de los cuales no tenemos datos o muestras suficientes.
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