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26/6/17

Introducción a La última etapa

Aunque pueda parecer extraño realizar una nueva entrada de introducción al blog consideró necesaria hacerla por varias razones. En primer lugar, porque la anterior es demasiado antigua e incompleta. Por otro lado, es mucha gente la que ha descubierto el blog desde que comencé a publicar sobre el Antiguo Egipto hace ya tantos años.



Este blog nace con la intención de introducir el antiguo Egipto a un público general y desconocedor de la cultura milenaria que más apasionante y desconocida continúa siendo a día de hoy. Pretendo con el mismo proporcionar un conocimiento general del mundo del antiguo Egipto como algo único y diferenciado que permita a la gente menos involucrada en el mundo de la civilización egipcia echar un vistazo a sus elementos y comprenderlos de forma fácil e intuitiva. Soy consciente de que hay muchos libros sobre el tema, quizá demasiados, pero también sé que la mayoría no son fáciles de leer sin un conocimiento previo y los que lo son se quedan demasiado cortos en mi opinión.



He dividido el blog en varios apartados para poder ofrecer una visión más específica de ciertos aspectos de la cultura y la religión. En primer lugar, encontrareis una serie de textos específicos sobre aspectos concretos de la sociedad egipcia. En estos se mezclan diversos temas intentando dar siempre una visión completa y única a cada concepto. En segundo lugar, encontramos un listado de dioses en orden alfabético. No son todos los que existen, pero sí están los más importantes.

Podéis encontrar en el índice todas las entradas estructuradas por su contenido. Un enlace directo al índice se encuentra en la columna izquierda del blog.

Uno de los aspectos que más confusión generan y que induce a graves errores por parte de los aficionados al antiguo Egipto son los nombres. Soy consciente de que es imposible cambiar la concepción general española acerca de la escritura y pronunciación de muchos nombres, pronunciaciones, traducciones, transliteraciones e invenciones posteriores sean estas griegas, árabes, inglesas o francesas. Mi objetivo es que cualquier lector pueda conocer los nombres originales así como sus pronunciaciones, tanto de personas como de dioses, ciudades o simples conceptos.

Con esta idea en la cabeza, cada vez que aparezca un nombre o termino lo escribiré tal y como se conoce hoy día en España, indicando entre paréntesis su pronunciación original.

En otro apartado podéis encontrar un diccionario de términos en los que se engloban todos aquellos que han ido apareciendo. Para aquellos interesados en conocer el verdadero nombre de las cosas espero que resulte de utilidad.



Debido a que entender la mitología o la religión del antiguo Egipto (Kemet) no es fácil, quiero dedicar unas líneas a hablar de ello y dar una serie de pautas para su mejor comprensión.

Cuando uno se sumerge en el mundo de Kemet tiene que olvidarse de todo lo que cree saber, de las historias que le han contado los guías, de los documentales de National geographic, de los libros que tiene por casa. De todo. Si hay una civilización que se ha visto desvirtuada es la egipcia.

Lo que más llama la atención cuando entramos en materia es la gran cantidad de dioses que hay, idénticos en cuanto a forma o representación gráfica, así como en cuanto a funciones.

No hay un único dios por encima de todos como puede considerarse a Zeus en la mitología griega u Odín en la escandinava. A lo largo de la historia de Kemet ha habido varios dioses que asumieron esa función, con mayor o menor éxito o difusión, llegando incluso a fundirse varios nombres para legitimarlos como los máximos representantes del pueblo y la religión.

Por tanto, es absurdo decir que Ra es el dios supremo, u Horus (Jer), o Amón (Imen), porque no es así. Por otro lado, cada dios tiene varias representaciones físicas. Algunos solo tienen una o una es la más corriente y por tanto la que fácilmente reconocemos, pero muchos dioses pueden aparecer representados incluso como animales diferentes como es el caso de Thot (Yejuti) y eso no quita que su función o su nombre sean el mismo.

Al mismo tiempo cada dios puede representar elementos diferentes, no siempre complementarios, cuyas funciones varían según el contexto o el momento histórico, llegando incluso a ser contrapuestas en algunos casos.

Estas características que pueden desanimar a aquel que quiere conocer en profundidad la mitología egipcia son fundamentales para desarrollarla. Cuando afrontamos esta mitología debemos olvidar todo lo que sabemos de otras religiones y dejar de compararla pues no hay comparación posible. La única forma de entenderlo es sumergiéndote en ella con la mente clara y dedicando mucho tiempo a apreciar las sutilezas de cada uno de sus dioses.



Por eso, las generalizaciones acerca de la religión de Kemet no solo son perjudiciales para quien quiere conocer la verdad tras las mentiras de la actualidad, sino que lo único que consiguen es trasmitir una imagen estereotipada y simplona de la historia más rica y compleja de la historia de la humanidad.

Mientras haya personas que se conformen con “lo que les han contado los guías” o “lo que han visto en la tele o un libro” Egipto seguirá siendo ese gran desconocido. Por ello, las siguientes páginas van encaminadas a determinados aspectos de la sociedad o la religión que puedan aportar luz a aquel que se acerca por primera vez y que permitan centrarse en un único aspecto a la vez con el objetivo de posteriormente tener una visión completa.

Por último, hay que puntualizar que es engañoso pensar que Egipto es Kemet, es decir, lo que hoy queda en el país no es un reflejo de la civilización que existió hace más de tres mil años, no son más que restos de la misma que pueden dar una imagen distorsionada de la civilización de Kemet.

Lo que vemos hoy día son apenas restos de templos, estatuas y pilonos abandonados que no representan ni una mínima parte de lo que existía en su momento de máximo esplendor. Los templos que todavía resisten están incompletos, rotos o tremendamente deterioradas sus imágenes por el paso del tiempo y el maltrato al que turistas y otras gentes lo someten día sí, día también.

Es erróneo presuponer que podemos hacer una proyección de lo que vemos hoy día y magnificarlo para tener una imagen aproximada de lo que era la civilización de Kemet. Es imposible por un detalle que parece no interesar ni a egiptólogos, ni a historiadores, ni mucho menos al público en general, y es la vida común y la gente corriente.

Da la impresión de que Kemet solo eran grandes templos y tumbas, reyes y nobles, perfumes y maquillajes, dioses y cultos, pero nada de todo eso podía existir sin un pueblo que lo sustentase. Nada se habla de la gente corriente, de los mercados, de las casas, de las ciudades en las que vivían. Interesa reconstruir cómo eran los templos, qué rituales se realizaban y comprender listados enormes de reyes y dioses, pero no se le presta ninguna atención a la vida diaria.

El principal motivo, en mi opinión, es que se trabaja con lo que todavía queda, es decir, con la escritura sagrada y monumentos todavía en pie que nos hablan solamente de reyes, conjuros para la otra vida y demás parafernalia que en poco o nada toca a la gente corriente. No obstante, se puede bucear en el mundo de la vida diaria, qué pensaba y creía la gente normal y cómo vivía. Es muy fácil elaborar pensamientos religiosos basándose únicamente en los textos sagrados y en cómo los sacerdotes los practicaban, pero es totalmente erróneo presuponer que la gente corriente los percibía de la misma manera o en qué medida les afectaba a su vida diaria.

Por eso, cuando vemos Egipto hoy día no podemos hacernos una idea de cómo era Kemet entonces. Incluso aunque lo intentásemos por lo que vemos y lo que los libros de hoy nos cuentan, es imposible extrapolar los aspectos más importantes de toda civilización, sus gentes, sus entornos y su quehacer diario.


Sin enrollarme más, ya llegaremos a eso en los capítulos sucesivos, os doy la bienvenida a este libro, el lugar donde poder acercar Kemet al público de forma sencilla y a la vez lo más completa posible.
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