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21/5/16

Culto privado y culto público en el Antiguo Egipto

Cuando se habla de la religión y el culto en el Antiguo Egipto se tiende a hacer siempre desde una perspectiva general y única, a menudo obviando el culto privado o particular de cada ciudadano. Mucho se ha escrito ya del culto general, de los sacerdotes y los templos, de dioses y reyes y su función en la religión, pero este no es mi objetivo en esta entrada. Vamos a profundizar en las diferencias que hay entre el culto público y privado en el Antiguo Egipto.



Por un lado hay que establecer firmemente la idea de que no existe tal cosa como la religión en Kemet (Antiguo Egipto). Lo que nosotros llamamos religión para ellos no existía como palabra o como concepto pues la existencia de los dioses y su interacción con lo natural se daba por hecha, eran parte del mundo y no había necesidad de explicar sus funciones, al menos para la gente corriente. Dicho esto, hay que diferenciar que el culto general, el de los templos, estaba en su mayor medida vetado para la gente corriente que podía entrar solo hasta la primera parte del templo. Solo el personal del templo y algunos funcionarios podían estar en el interior e interactuar con las estatuas de los dioses y los ritos y celebraciones, y no todos.




El ciudadano de a pié podía comunicarse con los sacerdotes dentro de ese pequeño espacio del que disponían en los templos para preguntar, depositar ofrendas, etc… pero el culto real que practicaban era en su casa o en los días de fiesta. Por un lado tenía esos pocos días al año festivos en los que los dioses salían del templo y realizaban un recorrido por la ciudad o a otro templo. Esos días eran los pocos en los que una persona normal podía ver a los dioses (a sus estatuas). Por otro lado, en su día a día realizaba peticiones y ofrendas a los dioses que no siempre tenían que coincidir con los grandes dioses de los templos.

A nivel particular existían muchos dioses en Kemet siendo la mayoría de ellos protectores de determinados grupos (mujeres, niños, obreros…) o contra determinados males (dolores de estómago, picaduras de escorpión…). Estos dioses raramente contaban con estatuas o templos a los que dirigirse por lo que su culto se realizaba a través de amuletos, figurillas o simples peticiones de la gente en el interior de sus hogares, en un lugar dedicado a venerar un determinado dios o dioses.

Si alguien espera un hijo y desea que el parto sea exitoso para la mujer y el niño raramente se dirigirá a un gran templo a pedir protección sino que se encomendará a uno de los dioses encargados de velar por la salud de los niños o las mujeres embarazadas. Si alguien tiene un problema en el trabajo pedirá ayuda al dios correspondiente a su oficio o al dios local de su ciudad. Los grandes dioses cumplían otras funciones, podemos decir que tenían otros trabajos más importantes que hacer como conseguir que el sol saliese cada mañana o que las cosechas fueran suficientes cada año.


Hay, por tanto, una diferencia importante entre el culto privado y el culto público y debemos ser conscientes de que, los grandes olvidados, los ciudadanos de a pié, tenían una vida que no siempre coincidía con lo que los grandes libros y estudiosos nos explican.


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