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16/11/13

Representaciones de los dioses





En las culturas occidentales estamos acostumbrados a que los dioses, seas los que sean, se representen con aspecto antropomórfico. Les damos forma humana por varios motivos como la cercanía o la búsqueda de la semejanza de los hombres con los dioses, pero rara vez llegamos a entender otras representaciones como las que se daban en Kemet.




Los dioses en Kemet son representados de diversas formas, ya sea antropomórficamente, como animales o como hombres con cabeza de animal. Esta variedad que invita a la confusión de aquel que se acerca a su cultura por primera vez es totalmente normal en el mundo de Kemet y no entran en conflicto unas representaciones con otras incluso aunque un mismo dios tenga más de una.

Cuando pensamos en dioses griegos o cristianos vemos personas, seres humanos divinos representados con carne y hueso, por eso se puede llegar a pensar que Ra es un hombre con cabeza de halcón y un disco solar sobre la misma a pesar de que esa es solo su representación terrenal, es decir, que Ra, como tal es el disco solar, pero para poder representarlo como la estatua donde el ka del dios reposa o escribirlo en los muros de los templos tenemos que adoptar una simbología que nos permita identificarlo fácilmente y que sea asequible para nuestra mente.

Podemos pensar que en un caso como el de Ra sería más fácil representarlo simplemente como un disco solar y puede ser así, pero son muchos casos los que no permiten una asociación tan sencilla. No es tan fácil representar conceptos como el aire, la justicia o la guerra de una forma fácil y comprensible para todos por lo que se tienen que adoptar formas conocidas que permitan a todo el mundo reconocer enseguida a que dios se refieren y que representa.

Equivocadamente se ha dicho siempre que en Kemet los dioses con forma o cabeza de animal se representaban de esa forma por la asociación que tenía ese animal con concepto que encarnaba ese dios. Siempre se pone el ejemplo de que el dios Inpu (Anubis) se representa como chacal por la cercanía de estos animales por los cementerios así como se dice que la observación del escarabajo pelotero empujando sus propias heces son lo que llevaron a los habitantes de Kemet a asociarlo con el dios Jeper empujando al sol.
Son ideas fáciles de gente que busca explicaciones sencillas para fenómenos y asociaciones que no llegan a comprender. Teorías tan validas como cualquier que podamos inventar al respecto pues nadie puede decir qué es lo que pensaba alguien cuando asociaba un animal a un dios. 

A lo largo de la historia de Kemet estas asociaciones han ido cambiando y adaptándose a las nuevas corrientes religiosas por lo que la confusión es mayor para alguien que quiera estudiar Kemet como un conjunto o a un dios como una única cosa con una sola forma. Por eso quiero reproducir una parte del libro La última etapa en la que el protagonista se plantea todas estas cosas y elabora su propia teoría acerca de las representaciones de los dioses:


“Estableciendo la existencia de los neteru y no teniendo pruebas para negarlos me quedaba establecer su naturaleza. Descarté el antropomorfismo de los neteru por motivos obvios. Llegué a la conclusión de que estas eran las formas que les dábamos para representarlos, para poder adorarlos y comprenderlos en la tierra pero que ningún neter podía tener forma física, al menos no con forma humana o animal. Podían aparecer o representarse a través de algunos animales, pero el hecho de que fuesen los mismos animales no cabía en mi cabeza.

Si los neteru no eran formas físicas, personas o animales a los que poder dar forma, ¿Qué eran? Enseguida me quedó claro que los neteru, tal y como les habíamos concebido e interpretado toda la vida, no eran más que representaciones de una serie de elementos naturales que formaban parte de la vida, que eran vida en sí mismos y que nos daban la vida a los hombres. Es decir Ra siempre había sido el sol, era el mismo astro que realizaba el viaje todos los días por el cielo y el mundo inferior, pero no todos los neteru estaban tan claramente asimilados con elementos naturales, o que hoy día consideramos elementos naturales.

Así, tomando el ejemplo de Ra, se podía adorar el sol como Ra, como el neter que era, igual que en otras culturas comprobaría más adelante que era adorado igualmente bajo otros nombres, con historias distintas, pero todas compartiendo el carácter divino del astro. Llamémoslo hoy astro, estrella o como queramos, la deificación del mismo no lo hace menos valido. La palabra neter ha tomado un significado totalmente distinto al original, a la raíz de la palabra misma, debido al cristianismo, aun cuando la palabra es la forma en genitivo de referirse a Zeus, pero el sol, el cielo, la tierra misma pueden ser considerados neteru en sí mismos por definición. Los podemos llamar elementos naturales o neteru, tanto da lo mismo, porque su función es la misma.

Adorar al sol, a la tierra o al cielo no es tan fácil si solo los vemos como lo que son, con sus elementos incorpóreos y sus avatares intangibles, por lo que les damos formas para adorarlos, para comprenderlos. En Kemet esas formas fueron antropomórficas y animales, igual que en otras culturas eran diferentes, pero ello no significaba que fuesen así, sino que era la forma que teníamos de extrapolar a los neteru fuera de su forma real y comprenderlos a un nivel humano.

Esto, obviamente, era lo que empezaba a creer y pensar según desarrollaba todos mis pensamientos y teorías, no quiero decir ni mucho menos que fuese el pensamiento de mi época, cualquiera de ellas, o del país, sino la mía personal. En general las representaciones físicas de los neteru se consideraban formas reales de los mismos neteru, y al morir el nesut encontraba a estos mismos neteru en esas formas físicas acompañándole, por tanto eran consideradas reales, no ya tanto para mí.

Yo comenzaba a ver que, fuera de sus representaciones, los neteru eran elementos dadores de vida que formaban parte del mundo. Sin el sol no habría vida, es decir, Ra nos daba la vida, tuviese conciencia propia o no, eso es otro tema, pero es innegable su carácter creador y su poder. Discutir eso es absurdo, queramos llamarlo neter o no, eso es un tema semántico o figurativo que se puede discutir aparte.

Teniendo claro que los neteru existen y que no son físicos, sino elementos que hoy llamamos naturales, tenía que comprender sus relaciones y la forma en la que se representaban. Para algunos era muy fácil. Ra es el sol, Jer el cielo, Geb la tierra y Su el aire por ejemplo, pero había otros neteru que no podían o no era tan fácil relacionarlos con los elementos, al menos no con los tangibles y comprensibles.”


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