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10/10/13

La leyenda del ave fénix





Mucho se ha hablado y se conoce la figura del ave fénix, ese animal mitológico que resurge de sus propias cenizas en un eterno ciclo de resurrección. Sin embargo poco se sabe su origen y su simbología.

Antes de nada hay que remontarse a Kemet, el antiguo Egipto tal y como hoy lo conocemos, para encontrarnos con un ave realmente especial, el pájaro Benu. Esta ave estaba íntimamente relacionada con el ciclo del inframundo o la duat, personificando el ba de dioses como Ra u Usir. La propia palabra Benu está relacionada con el verbo cuyo significado es el de levantarse. Según el mito, el pájaro, en el momento de la creación original, se posó sobre una roca sobre las aguas primordiales y allí emitió un graznido que rompió el silencio primigenio determinando lo que estaría por existir en la creación.





Cuando los pueblos griegos llegaron a Egipto Herodoto contribuyó a cambiar la leyenda atribuyéndole al ave una vida de quinientos años, momento en el cual moría, pero antes construía un nido en que arrojaba fuego y se lanzaba para ser consumido. De este fuego surgía otra ave, que tras embalsamar las cenizas de su padre, volaba para depositarlas en el templo de Ra.

De ahí debemos pasar a la mitología griega a la que debemos el mito tal y como es en la actualidad, evolución de la figura del pájaro Benu de kemet. En esta mitología es un ave sagrada cuyo nombre es Φοῖνιξ, un ave con la capacidad de revivir de sus propias cenizas, un ave muy difícil de ver y que, cuando presiente su propia muerte, se inmola para dar vida a una nueva ave. En realidad el mito es muy parecido al del Benu, por no decir idéntico, lo que sucede es que, con el paso del tiempo, se ha ido modificando debido a varias influencias. Pero en origen no es un mito propio griego, sino que los antiguos griegos lo adoptaron de Kemet pero nunca lo hicieron suyo realmente tampoco.

A continuación quiero reproducir un texto de Herodoto donde habla de este magnífico ave:

“Otra ave sagrada hay allí que sólo he visto en pintura, cuyo nombre es el de fénix. Raras son, en efecto, las veces que se deja ver, y tan de tarde en tarde, que según los de Heliópolis sólo viene al Egipto cada quinientos años a saber cuándo fallece su padre. Si en su tamaño y conformación es tal como la describen, su mote y figura son muy parecidos a las del águila, y sus plumas en parte doradas, en parte de color de carmesí. Tales son los prodigios que de ella nos cuentan, que aunque para mi poco dignos de fe, no omitiré el referirlos.
Para trasladar el cadáver de su padre desde la Arabia al templo del Sol, se vale de la siguiente maniobra: forma ante todo un huevo sólido de mirra, tan grande cuanto sus fuerzas alcancen para llevarlo, probando su peso después de formado para experimentar si es con ellas compatible; va después vaciándolo hasta abrir un hueco donde pueda encerrar el cadáver de su padre; el cual ajusta con otra porción de mirra y atesta de ella la concavidad, hasta que el peso del huevo preñado con el cadáver iguale al que cuando sólido tenía; cierra después la abertura, carga con su huevo, y lo lleva al templo del Sol en Egipto. He aquí, sea lo que fuere, lo que de aquel pájaro refieren.”

Posteriormente el mito fue cambiando, y fueron los cristianos quienes, como han hecho desde que crearon su religión, cogieron mitos anteriores y los transformaron en propios como si ellos fuesen los creadores de los mismos. De esta manera el ave para ellos había vivido en el jardín del Edén y anidaba en un rosal. Cuando Adán y Eva fueron expulsados del paraíso, de la espada del ángel que los expulsó surgió una chispa que incendió el nido del ave haciendo que este ardiera junto con el pájaro. Al ser la única bestia que se había negado a probar el fruto prohibido se le concedió el don de la inmortalidad a través de la resurrección de sus propias cenizas. Cuando llegaba la hora de morir, hacia un nido y ponía un huevo del que surgiría el nuevo ave que surcaría los cielos.

En otras culturas encontramos otras representaciones del mito, bien por influencia, o bien por generación espontánea como a veces sucede con los mitos en tierras muy distantes entre sí y sin aparente conexión alguna. En la cultura china existe el Feng-Huang, en la japonesa el Ho-oo, en la rusa el pájaro de fuego inmortalizado luego por Stravinsky, en la hindú el Garuda, en la maya o azteca el Quetzal, e incluso en la de los nativos americanos aparece como el Yel.

Lo que hoy se considera un ave mitológica e inexistente, fantástica, en su día fue considerada un ave real, de hecho el pájaro Benu existió como tal, e incluso en la historia natural de Plinio se le hace mención como un águila grande que posee un collar dorado alrededor del cuello, cuerpo color púrpura y cola azul con algunas plumas rosadas. Explicó su resurrección debido al efecto que, al morir, de sus huesos y medula surgían una serie de gusanos.

Por último destacar que la etimológica de la palabra Φοῖνιξ significa en la lengua griega antigua, fenicio, púnico, cartaginés. Derivados de la misma nos remiten a otras palabras como la planta palma datifera o algo de color rojo sangre.


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