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3/8/13

Kemet





Kemet (Antiguo Egipto) no es algo que me guste, algo que forme parte de mi vida y necesite. No. Kemet es mi vida, mi principio y mi final, mi destino así como el motivo por el que estoy aquí hoy. Kemet no es solo un lugar físico, especialmente porque poco o nada queda del Kemet que conozco en el Egipto de hoy, no es un sitio al que poder ir para verlo o sentirlo. Kemet está en mi vida esté donde esté, vaya donde vaya, forma parte de mí, es indivisible a mi propia vida y me acompañará hasta el día en que muera.

Cada vez que viajo allí me siento yo mismo, recupero un trozo de mí que no soy capaz de tener en el mundo de hoy. O así era antes. Ahora Kemet viene a mí, ese lugar especial me acompaña en mí día a día. Es la mujer que amo, es el despertar que me da la vida y el aire que respiro.

He aprendido a vivir con ello, he encontrado el sentido que tan desesperadamente llevo buscando tantos años. Desde que abrí los ojos al mundo sabía que llegaría el momento en que tendría que enfrentarme a la pregunta más importante de mi vida y durante mucho tiempo he pensado que conocía cuál era la respuesta y cuándo se produciría. Pero ahora tengo claro cuál es la respuesta y que no voy a obtener otra me encuentre a los pies de mi lugar especial (sakkara) o lejos de él. Porque ya sé cuál es mi destino, he comprendido la respuesta a la pregunta que hace unos diez años formulé. 

Sé adónde tengo que ir y qué tengo que hacer. Independientemente de que me encuentre en Kemet o Kemet se encuentre en mí mi objetivo está claro, lo único que tengo que hacer es vivir de la forma que siempre he querido.
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