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27/5/13

Casas y viviendas en el antiguo Egipto





En los libros de historia y en el imaginario colectivo siempre se habla y están presentes los grandes templos, las monumentales tumbas, pero nunca las simples casas de la gente corriente. ¿Cómo se vivía en el antiguo Kemet?.

Como siempre las viviendas y su uso han cambiado a lo largo de la historia tanto en materiales, como en ubicación o disposición de las habitaciones. Lo que nunca ha cambiado es el uso que se les ha dado, la agrupación de las mismas en ciudades o los distintos tipos de viviendas que existían.



En primer lugar hay que hablar de las viviendas particulares. Para ello voy a remitirme a La última etapa donde se dice en referencia a los primeros años:


“En casa dormíamos en plataformas cubiertas con alfombras. Como podéis imaginar no la más blanda de las camas. Como almohada se usaban generalmente todo tipo de objetos de madera.”

“Además de las camas y la mesa que ya he contado anteriormente decir que contábamos con un horno para cocer pan así como un pequeño molinillo para moler el grano y obtener la harina. Eran cosas básicas en una casa ya que, como he dicho antes, el pan era nuestro principal alimento.

No contábamos con muebles tales como sillas o taburetes. En casa de algunos amigos alguna vez he visto alguno pero no era muy común. En mi casa, desde luego, no teníamos. Sí había una mesa de madera y un banco para sentarse. Realmente era lo más útil a la hora de trabajar en casa y no necesitábamos más. Junto con un arca y alacena para guardar cosas prácticamente teníamos el interior de la casa completo.”

“El exterior de la casa tampoco daba la impresión de que dentro pudiésemos tener muchas cosas. Se hacían de adobe, madera y arcilla prensada y, pensándolo bien, en muchos aspectos eran mucho más acogedoras que algunas casas de hoy día. Nos resguardaba del calor así como del frío cuando hacía falta.”


Las casas en aquella época solían ser construidas por la familia y amigos de los futuros inquilinos de lo mismo. A lo largo de la historia la forma de conseguir un nuevo hogar cambiaba, sobre todo porque con el crecimiento de muchas ciudades y la construcción de viviendas no había necesidad de construirse una nueva casa, o resultaba más provechoso habitar una ya existente. Así se describe en La última etapa este proceso:


"Lo habitual es que la construya el hombre con la ayuda de familiares y amigos. Mi padre ya era mayor por lo que la mayor parte del trabajo lo hice yo junto a algunos amigos. Es obvio que también ayudé cuando ellos tuvieron que construirse su propia casa. Era algo normal y no se entendía como un favor sino como lo que había que hacer.

La casa como he dicho antes se hacía de adobe esencialmente pero hacen falta otros materiales que tuvimos que ir elaborando poco a poco. Para hacer los ladrillos me tuvo que enseñar un amigo ya que no tenía ni idea de cómo iba el tema. Es más, aún hoy no sé si podría hacerlo de nuevo por lo que es posible que algún fallo en el proceso cometa cuando lo describo. Recuerdo usar jarros de agua para humedecer la arcilla y añadirle paja troceada y dejarlo secar todo al sol. No lo cuento más a fondo ya que seguramente meta la pata.

Las mujeres solían dedicarse a coser con lino y lana objetos y materiales para el interior de la casa. Utilizaban cuchillos o tijeras de cobre así como agujas para desempeñar esta labor que complementaba a la perfección la del hombre. Igual que nosotros solían juntarse varias amigas y planificar el interior a la vez que cosían."


Por último quiero hablar de otro tipo de viviendas como son las casas de viajeros. Existentes desde siempre su existencia parece no interesar a egiptólogos o gente corriente, sin embargo desempeñaron una labor social de gran importancia al permitir a los viajeros contar con alojamiento en su paso por las ciudades. Así se habla por primera vez de estos locales en La última etapa:


“Por entonces no existían los hoteles como los conocemos hoy día. No podías llegar a una ciudad y meterte en una casa en la que pasar unos días. Sin embargo si que existía una opción similar para los viajeros. Se trataba de casas especiales, más grandes de lo habitual, donde se daba cobijo a viajeros. El único requisito para poder pasar allí la noche, y solo la noche, era ser un viajero, ya fuese por comercio u otros asuntos, que esté de paso por la ciudad.

Lo normal era que se diese cobijo durante dos noches debiendo dejar la estancia la tercera. El pago por este servicio era muy escaso. Al tratarse de casa en su mayor parte de particulares (cedían alojamiento a cambio de compañía y pequeños víveres o trabajos) el pago consistía en realizar algún tipo de trabajo para ellos o aportar cualquier cosa que les pudiese servir, ya fuese para su vida cotidiana, como para intercambiarlo por comida u otra cosa.”


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