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15/5/13

Ayer y hoy en Kemet





Es engañoso pensar que Egipto es Kemet, es decir, lo que hoy queda en el país no es un reflejo de la civilización que existió hace más de tres mil años, no son más que restos de la misma que pueden dar una imagen distorsionada de la civilización de Kemet.

Lo que vemos hoy día son apenas restos de templos, estatuas y pilonos abandonados que no representan ni una mínima parte de lo que existía en su momento de máximo esplendor. Los templos que aún resisten están incompletos, rotos o tremendamente deterioradas sus imágenes por el paso del tiempo y el maltrato al que turistas y otras gentes lo someten día sí, día también.




Es erróneo presuponer que podemos hacer una proyección de lo que vemos hoy día y magnificarlo para tener una imagen aproximada de lo que era la civilización de Kemet. Es imposible por un detalle que parece no interesar ni a egiptólogos, ni a historiadores ni mucho menos al público en general y es la vida común y la gente corriente.

Da la impresión de que Kemet solo eran grandes templos y tumbas, reyes y nobles, perfumes y maquillajes, dioses y cultos, pero nada de todo eso podía existir sin un pueblo que lo sustentase. Nada se habla de la gente corriente, de los mercados, de las casas, de las ciudades en las que vivían. Interesa reconstruir cómo eran los templos, que rituales se realizaban y comprender listados enormes de reyes y dioses, pero no se le presta ninguna atención a la vida diaria.

El principal motivo, en mi opinión, es que se trabaja con lo que aún queda, es decir, con la escritura sagrada y monumentos todavía de pie que nos hablan solamente de reyes, conjuros para la otra vida y demás parafernalia que en poco o nada toca a la gente corriente. No obstante se puede bucear en el mundo de la vida diaria, de lo qué pensaba y creía la gente corriente, de cómo vivía y de cómo pensaba. Es muy fácil elaborar pensamientos religiosos basándose únicamente en los textos sagrados y en cómo los sacerdotes los practicaban, pero es totalmente erróneo presuponer que la gente corriente los percibía de la misma manera o en qué medida les afectaba a su vida diaria.

Por eso cuando vemos Egipto hoy día no podemos hacernos una idea de cómo era Kemet entonces. Incluso aunque lo intentásemos por lo que vemos y lo que los libros de hoy nos cuentan, es imposible extrapolar los aspectos más importantes de toda civilización, sus gentes, sus entornos y su quehacer diario.

Por eso desde este blog, así como se leerá en La última etapa una vez esté finalizada y disponible, voy a procurar elaborar entradas de vez en cuando centrándome en estos aspectos, pues ya son muchos los libros y páginas de internet que nos inundan con información (errónea en la mayoría de los casos) como para repetir lo mismo.


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