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23/3/12

Transcripción y transliteración de nombres del antiguo Egipto


Uno de los errores más comunes cuando se habla del antiguo Egipto es el de tomar los nombres extranjeros o traducirlos de forma incorrecta al idioma que deseamos.

En primer lugar, hay que especificar lo que es la transliteración: el proceso de representar los signos de un sistema de escritura con los signos de otro, de tal modo que el lector pueda recuperar la grafía original de una palabra, aunque se desconozca el idioma original. Por otro lado, está la transcripción, que es la aproximación del sonido original a la palabra adaptada, pero no necesariamente su ortografía original. La transcripción no tiene por qué reproducir fielmente la grafía original de la palabra.

Para verlo claramente nada mejor que un par de ejemplos. El romaji, o la utilización de alfabeto occidental para escribir el japonés, es transliteración. En el tema que nos ocupa la transliteración de los jeroglíficos es el proceso que permite, usando letras que entendemos, traspasar los textos sin perder su significado original.



No obstante, nos vamos a centrar más en la transcripción que es donde se dan los errores más graves ya que la transliteración no deja de ser una herramienta para arqueólogos y estudiosos que apenas influye en la cultura popular.

Hoy día todo el mundo ha oído hablar de Horus, Ra, Isis o Anubis, pero son pocos los que saben que esos nombres no solo no son los auténticos, sino que poco tienen que ver en muchos casos con la pronunciación original. Esto se debe a varios motivos. Primero, por la influencia extranjera en Kemet (Antiguo Egipto). Tras un periodo, con irregularidades, de casi tres mil años de cultura continuada, los extranjeros fueron llegando al país: asiáticos, griegos y romanos entre otros, adaptando y modificando los nombres a su propia lengua. Los que más influencia tuvieron de todos fueron los griegos que cambiaron por completo los nombres de dioses y ciudades a grafías y pronunciaciones propias de su lengua..

De esta forma, Anubis por ejemplo, es la transcripción que hicieron los griegos del nombre original Inpu. Por otro lado, tenemos que cuando comenzó la arqueología, se buscó un método para poder pronunciar y adaptar las grafías de Kemet a los lenguajes modernos. Debido a que los primeros y más famosos arqueólogos eran ingleses o franceses, se molestaron en adaptar la lengua a la suya propia, pero otros países, entre ellos España, no se tomaron la molestia de adaptarlo a la suya, a los sonidos y articulaciones propios de nuestra lengua, sino que cogieron las transcripciones inglesas o francesas y las pronunciaron a la manera española.

Así, tenemos palabras como la transcripción ankh, que en español pronuncian como “ank” en lugar de anj que es el sonido que corresponde en español a la transcripción ankh. De la misma manera sucede con cientos de vocablos que no solo ya están afectados por la influencia griega destruyendo sus nombres y pronunciaciones originales, sino que encima tienen que verse las caras con la vagancia de ciertas lenguas en intentar adaptar sus sonidos. Ankh es una buena transcripción para las lenguas inglesa y francesa ya que un hablante de ese idioma al ver escrita así esa palabra la va a pronunciar como anj al ser el sonido kh aspirado en su idioma. Sin embargo, en el español la hache es muda y la k se pronuncia, dando lugar a esa inexacta y horrible pronunciación de ank en lugar de anj como debería haberse transcrito en primer lugar.



Voy a exponer unos ejemplos de nombres actuales que no tienen que ver con los originales, y que desgraciadamente la gente da por buenos y ciertos negándose a ver la realidad, porque no es como a ellos se la han enseñado o como todos los libros a día de hoy lo escriben. Al lado de la no transcripción actual dejo la verdadera transcripción a la lengua española del nombre, por lo que no hay que fiarse de la escritura, que ya está en caracteres latinos, sino en la pronunciación tal y como está escrito:

Horus:jer
Isis:ast
Anubis:inpu
Thot:yejuti
Sekhmet:sejmet
Amón:Imen
Jepri:jeper
Khonsu:jensu
Osiris:usir
Seth:suti

Las primeras grafías, las tomadas para adaptar la pronunciación al inglés y al francés, son las comúnmente aceptadas por lo que, como indiqué en el índice, serán las utilizadas en el libro incluyendo siempre la que sería la transcripción correcta a nuestra lengua entre paréntesis. De esta manera, el lector podrá pronunciar los nombres tal y como se pronunciaban en el antiguo Egipto.


¿Quiere decir todo esto que utilizar el nombre de Horus es incorrecto?. No, al ser el nombre comúnmente aceptado a día de hoy y utilizado tanto en la arqueología como en la egiptología. Sin embargo, si es un nombre inadecuado pues no es el original del dios ni refleja la pronunciación que tenía en Kemet sino que nos remite a una palabra griega. Lo mismo sucede en la actualidad cuando intentamos adaptar nombres propios a casa lengua. Una ciudad italiana como Torino, cuyo nombre debería mantenerse independientemente de la lengua utilizada como sucede con los nombres propios, es llamada Turín es español o un país como Deutschland es conocido como Alemania en español o Germany en inglés, palabras que no tienen nada que ver con la original pero que son las comúnmente aceptadas a nivel internacional. Lo mismo sucede con los nombres egipcios.
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